martes, 31 de marzo de 2015

Uno de cada cinco participantes en Transvulcania no consigue terminarla


La falta de preparación física, los calambres y la deshidratación, entre las causas más frecuentes de los abandonos.

José Francisco Ferraz (Director Médico de la Plátano de Canarias Transvulcania): “Con los años he ido viendo como la gente ha ido mejorando su preparación, aunque el riesgo siempre existe”.
Los requisitos de experiencia previa pretenden garantizar el adecuado nivel deportivo de los participantes.

Hay tres siglas que inquietan a los participantes en carreras de larga distancia. DNF (Did Not Finish, que en inglés quiere decir “No terminó”) es el acrónimo internacional que se utiliza para designar a los deportistas que han tenido que abandonar durante el desarrollo de una prueba, mientras que DNS (Did Not Start) se emplea para aquellos que no llegan a iniciarla. En retos como la Plátano de Canarias Transvulcania ambas circunstancias son relativamente comunes.

En la edición 2014, por ejemplo, la tasa de abandonos de la Ultramaratón (la prueba reina, con 73,3 kilómetros de desarrollo) fue de un 17%. Dicho de otra forma, prácticamente uno de cada cinco participantes que salieron desde el Faro de Fuencaliente se vieron obligados a retirarse antes de la meta. De los algo menos de 300 DNF registrados, más de la mitad (162) se produjeron en el tramo entre el Refugio del Pilar y el Roque de los Muchachos, lo que resulta lógico si pensamos que es la etapa en la que coinciden la mayor parte del desnivel positivo, la zona de alta montaña y las horas de mayor insolación. Por su parte, otras 90 personas tuvieron que retirarse entre el Roque de los Muchachos y el Puerto de Tazacorte, 23 no lograron superar el primer tramo hasta el Refugio del Pilar (que coincide con la Media Maratón) y otras 9 tuvieron que abandonar entre el último avituallamiento y la meta.

En cuanto al resto de competiciones, la Media Maratón de 24 kilómetros registró un número de abandonos similar en términos absolutos (25 participantes) pero inferior en términos relativos, ya que el cupo de dorsales es más reducido. En esta prueba, la más corta si excluimos al Binter Kilómetro Vertical Transvulcania, el porcentaje de abandonos fue de un 5%. En cuanto a la Maratón (44 kilómetros), celebrada por primera vez el año pasado, las cifras responden a su dificultad intermedia: con un 8,5%, su tasa de abandonos fue justo la mitad que la de su hermana mayor. Significativamente, en ella el peso de los tramos se invierte, ya que la salida se produce desde el Refugio del Pilar. De los 40 participantes que abandonaron en la categoría, 30 lo hicieron en la bajada desde el Roque de los Muchachos, mientras que otros 10 no lograron alcanzar el techo de la isla.

José Francisco Ferraz Jerónimo, Director Médico de la Plátano de Canarias Transvulcania, ha observado una evolución en la causa de los abandonos: “Inicialmente se producían por falta de preparación. En las primeras ediciones la gente simplemente se apuntaba a ver. Pero a medida que van pasando los años los participantes van mucho más preparados. Los principales motivos de abandono suelen ser el cansancio o los calambres por el uso inadecuado de la hidratación o la alimentación, ya que la alteración de los electrolitos en la sangre puede favorecer la aparición de problemas musculares”.

Desde su posición en la Punta de los Roques (en el punto kilométrico 41, a 2.000 metros sobre el nivel del mar) este profesional ha podido constatar esa evolución a simple vista: “La mejoría la ves en los tiempos, pero también en las caras. No te sabes los nombres pero ya te suenan de otras veces y ves que alguna gente que los primeros años paraba para recibir atención médica ahora se detiene para saludar”.

Paradójicamente, la deshidratación y el calor, dos obstáculos con los que están acostumbrados a lidiar los veteranos de la Plátano de Canarias Transvulcania, pueden ser más graves si se dan a la inversa. Así, los excesos en la ingesta de sales pueden producir problemas cardiacos serios, como la fibrilación ventricular (en 2009 se produjo una evacuación en helicóptero por esta causa), mientras que las hipotermias en zonas de alta montaña “también son bastante peligrosas”. Por ese motivo la manta térmica forma parte del material obligatorio de seguridad.

Para prevenir problemas, ofrece una doble recomendación. En primer lugar, tener en cuenta que “los experimentos el día de la carrera casi nunca salen bien”. Es decir, que la ingesta de geles y sales debe probarse, con la precaución debida, durante los entrenamientos previos. De forma complementaria, conviene adelantarse a los síntomas: “Cuando el cuerpo te empieza a demandar sales e hidratación, es probable que ya no puedas seguir. No hay que esperar a que te pida, sino ir bebiendo cantidades pequeñas durante todo el recorrido”.

Aunque no suele llegarse a este extremo, entre las prerrogativas del operativo sanitario está la de obligar a los participantes a abandonar la prueba por razones médicas: “Tenemos que velar por la salud de la salud de la persona que está corriendo. Esa es nuestra misión fundamental. Aún así en una carrera tan dura y con un recorrido tan complicado de cubrir sanitariamente, el riesgo existe. Pero nuestro deber es minimizarlo”.

Carla y sus bastones: historia de un rescate


Cuando se produce una incidencia que, a juicio del operativo sanitario, aconseja una evacuación inmediata, la organización moviliza en seguida a alguno de los medios aéreos disponibles. Eso sucedió el 8 de mayo de 2014 en el Risco de las Pareditas, una zona escarpada del municipio de Tijarafe donde el trazado de la carrera se aproxima al mismo borde del Parque Nacional de La Caldera de Taburiente. Carla Marson, una profesora de italiano de 52 años y residente en Padua, describe gráficamente como su cuerpo “se apagó de repente: lo había secado por completo. Recuerdo que todo empezó a darme vueltas y después…me desperté rodeada de algunas personas, voluntarios y corredores”.

La intervención fue asignada a la Unidad de Helicópteros de la Guardia Civil, que tras estudiar la zona consiguió aterrizar a pesar de que lo reducido del espacio. En la maniobra participaron miembros del grupo de rescate en montaña de AEA, personal de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo Insular de La Palma e incluso algunos corredores que hicieron una pausa en su carrera para ayudar. La evacuación concluyó con el traslado de la víctima a la helisuperficie de Los Llanos de Aridane, donde fue atendida y recuperada por el personal de Cruz Roja.

Para Carla, que este año competirá de nuevo en la Plátano de Canarias Transvulcania, la amargura de la retirada quedó compensada por “la humanidad, solidaridad, sensibilidad, generosidad, capacidad… no encuentro las palabras justas para describir a todas aquellas personas que me socorrieron y ayudaron”. Su sorpresa fue aún mayor al comprobar cómo su mochila le fue entregada intacta al día siguiente en la recepción de su hotel y sus bastones le fueron enviados a Italia gracias a las gestiones efectuadas por la responsable de las redes sociales de la carrera. Ninguno de estos detalles, ni tampoco la evacuación, tuvieron coste alguno para ella: “no me pidieron nada a cambio”, subraya con emoción.

Para 2015 solo espera “poder conocer en persona a los que me ayudaron, para abrazarlos, besarlos y mirarles a los ojos para agradecerles todo lo que han hecho por mí. Son mis ángeles de la guardia, un tesoro guardado en mi corazón”.
Fotografía: Finisher de la Plátano de Canarias Transvulcania, en su edición de 2014 (Miguel Ángel López Galán / Transvulcania)

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